lunes, marzo 02, 2015

1 de Marzo, después de un 28 de febrero.
       De niño siempre tuve una relación rara con los insectos. Recuerdo haber pasado horas en el terreno baldío de la casa que estaba en Chivería, coleccionando insectos, poniendo trampas entre las ramas de los arboles, moviendo la maleza bruscamente, siempre preparado para atrapar a los pequeños que saltaban asustados. Entre el alboroto me preocupaba por los daños colaterales: aquellos insectos que confundidos por el terremoto caían sin poder escapar de las torpes pisadas de aquel bravucón. Los que, tal vez, porque en aquel entonces no estaba seguro de muchas cosas, estaban dormidos y se despertaban en medio del caos; hormigas, catarinas, lagartijas, mariposas y a veces grillos.
       Después, terminaban en contenedores, hechos con vasos de plástico, ligas y unas láminas agujereadas a modo de respiradero. Mis favoritos y los protagonistas de unas carreras que se celebraban cada 3 días: las catarinas. Ahora que su verdadero nombre es Semiadalia notata Coccinella septempunctata, mejor conocidas como: las amarillo y las naranjas, los colores mas rápidos de la cuadra. 
       Con todo el tiempo que ha transcurrido de aquellos días de la infancia, de la vida en un Infonavit y de domingos jugando a las avalanchas arriesgando mi vida a media calle, ciertas situaciones se mantuvieron intactas. Por ejemplo: el no estar seguro de muchas cosas, en este caso me refiero a mis recuerdos. Y no quisiera que se entendiera de mala manera, no digo que accidentalmente descubrí una nueva especie, pero si recuerdo haberme topado con catarinas que brillaban. No un brillo intermitente como el de una luciernaga, más bien era constante y solo pasaba por las noches. Sin embargo, estás catarinas tenían algo peculiar: muy rara vez caminaban. Volaban de un lugar a otro, aún cuando eran distancias cortas. Pequeños saltos que las hacían obsoletas para mis carreras y por ende, no merecedoras de mi atención. Hoy pienso que esto tiene mucho que ver con que encontrará tan pocos insectos con esta peculiaridad en aquel terreno baldío. 
      Y como en toda historia siempre hay un villano, uno que no se podía atrapar, uno que se me enfrentaba con embestidas áreas sin titubear en las consecuencias. Cada que nos topábamos nos perseguíamos por un momento y luego intercambiábamos los roles hasta que alguien aceptaba la derrota. Perdí muchas de estas batallas gracias a los hábitos nocturnos de la cigarra, pues mi madre consideraba que las 8 de la noche era una hora poco apropiada para que un  niño de 7 años anduviese en un terreno baldío. Con todo y los regaños maternos, varias noches me escapé de casa para intentar, sin éxito, atrapar a esos pequeños bastardos. Me pregunto ¿quién habrá sido el verdadero villano? ¿La valiente cigarra que tal vez peleaba por el orgullo de sus compañeros capturados, encerrados, exhibidos en el cuarto de un niño como trofeos o aquel pequeño que solo quería divertirse un rato?
       Al día de hoy las formas en las que mato el tiempo han cambiado bastante. A mis 25 años he conseguido un par de buenos amigos que se mantienen con el tiempo. Nos reunimos en un patio al rededor de una mesita de metal que cambia de color una vez al año y unas cuantas macetas amontonadas junto a una jardinera. Es justo mencionar que la mayor parte de la actividad física se esfumó con el tiempo y solo dejó una mente inquieta. Lo suficientemente distraída para que en medio de alguna plática se ausente pensando en la imagen de las macetas. Hormigas desfilando en un perfecto orden, una tras otra con una organización impecable; esquivando telarañas, lagartijas, cenizas de cigarro o incluso pequeñas inundaciones de café o vino, según el ánimo de la concurrencia, que se esparcían por el suelo a causa de una mano torpe e indiferente hacia los pequeños mundos que le rodean. Y pienso, como buscando una justificación para mis viejas manías, que esos pequeños insectos están acostumbrados al peligro.
       Después, alguien pide un encendedor y regreso al mundo de los personas, de los celulares en las manos, de los sentimientos disfrazados, de los miedos escondidos y disimulados. De los insectos grandes. 

jueves, noviembre 27, 2008

Arrancame.

Ignorame.

miércoles, septiembre 10, 2008

Trebol de sentimientos

Los sentimientos funcionan de tres maneras,
unos se mantienen guardados y crecen con el tiempo
esperando ser liberados, y cuando lo hacen
es con toda la energía que se ha ido acumulando.

Otros son como un músculo:
si no son ejercidos se van atrofiando,
y van perdiendo su capacidad de desarrollarse,
como si nos fueran inyectando una clase de vacuna
y esa vacuna son las decepciones.

Y existe un último tipo, aquellos que no solo se atrofian,
si no que se convierten en su propia antitesis,
es invariablemente el camino más directo a la infelicidad.

Espejismo turquesa.

La felicidad es una visión borrosa,
una visión peculiar y tan subjetiva como el amor,
no se puede diferenciar de un espejismo,
verificar su vericidad atenta contra nuestro juicio.

¿Que más da no alcanzarla?
Nos la vivimos en una montaña rusa,
subiendo y bajando, sintiendo,
en los puntos más altos se divisa la felicidad a lo lejos,
tonta esperanza natural.
Cuando se baja sólo se puede ver la obscuridad del alma,
y entonces sólo deseas subir una vez más.

Creer en la felicidad es como creer en Dios,
si existe o no existe no es relevante,
porque al final del camino, cuando llegues
finalmente lo sabrás.

lunes, febrero 04, 2008

¿Y la sabiduria?

No me repitas esa frase, no tienes derecho. Calla esas palabras, que resuenan como ecos de promesas vacias en mis oidos, ¡falacias!

No has aprendido a través del tiempo las consecuencias de tus acciones. Sientate y mira a tu alrededor el daño que has causado, y que seguirás causando porque quieres hacer el mismo daño que has sufrido y lo haces en la gente que más te quiere porque sabes que no te abandonaremos.

Pero los tiempos cambian, es hora de que comprendas la extensión de tus acciones, ecos en el universo de nuestras vidas, que destrozan todo a su paso y cambian nuestras vidas. Y si no lo haces será mejor que te acostumbres a la soledad, porque es el fin del camino que has elegido.

Aún hay tiempo de recuperar lo que estás perdiendo, y de redimir tus acciones.

Tu eliges tu destino.

domingo, enero 27, 2008

Entre placebos y dulces de menta.

Te vi en el momento perfecto y en el lugar perfecto...

Fue verdad, tan real como los sentidos me dejaron percibirte, y tan mortífero como una capsula de veneno. Hey, eres lo que estaba buscando desde hace ya mucho, me mostraste que hay otros caminos y que la imágen en mi cabeza es de carne y hueso. Reviviste en mi aquel fuego que ella extinguió y ahora creo de nuevo en el amor, el problema es que, tan lejos estás y eres ya la nena de alguien más. Y yo estoy aquí, preguntandome si alguna vez encontraré algo igual, aferrandome a unas palabras tuyas que para mi son una promesa: esperanza ingenua.

Yo no sé si tu estás conciente, pero tu hermosa llama me ha quemado por dentro, y ahora estoy aquí quemándome vivo. No sé si te volveré a ver, anhelo hablar contigo y confesar pero no sé donde estás...

Maldita realidad, malditos amores, maldita sea la señorita Miseria, pero bendita seas tu por cruzarte en mi camino.

jueves, enero 10, 2008

Mentiras

Si miento, estoy en lo correcto y si digo la verdad, también lo estoy; si soy embustero estoy en mi derecho, si soy condescendiente soy un pendejo; y si te engaño te domino, pero si te creo soy ingenuo; si juego con tus sentimientos soy un cabrón, y si no lo hago, soy un pendejo; si dudo de ti, me estoy defendiendo, y si creo en lo que me dices, caigo en tu juego.

¿De que se trata?

Pinche mundo inverso.

lunes, noviembre 19, 2007

Ridicula soledad.

¡De nuevo me has hablado! Mi mente se encoge, mis pensamientos tropiezan, mis palabras chocan contra el miedo que emana de mi alma. Es difícil responder cuando el dolor se somatiza: mis manos tiemblan sin control, mi respiración se agita y mi corazón late como si suministrando más sangre fuera a hacer a mi cerebro entrar en razón...

No sé que quieres de mi, te puedo ofrecer mil cosas, te puedo ofrecer todo lo que hay en mi si aún puedes encontrar algo en los estragos de mi amor.

Aún me siento igual que la primera vez... pero esta vez no es de emoción.

Siento que no tomé tu mano lo suficientemente fuerte, volé hacia sueños falsos, me senté en asientos ocupados, busqué la gloria del amor en ti, pero solo encontré la ridícula soledad.